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31 mei Segunda historia: entrevista a un pequeño iraquí Yaser Al-Azayzeh Desde que bajó del avión que lo único que ha dicho es “fútbol”. El pequeño Yasser, de 12 años, jugaba en el campamento, y cuando partió a Chile sin duda pensó que los partidos con sus amigos sería lo que más extrañaría de “Al Tanf”. La única esperanza y vía de escape en un campamento en medio del desierto, donde no había noción del tiempo, era el deporte y con un padre entrenador de fútbol, era de esperar que Yaser saliera bueno para la pelota, por lo que rápidamente se gestionó su incorporación a la Escuela de Fútbol de Unión Calera. Es su primer día de entrenamiento, y ya se mezcló en el grupo de chiquillos de entre 6 y 14 años, que asiste dos veces a la semana, martes y viernes, a entrenar. El idioma no es una barrera, ya que los niños utilizan el lenguaje corporal para entenderse. Yaser es la novedad del día, el niño nuevo, que viene de otro país, que no habla español, por lo que sus nuevos amigos le repiten sus nombres una y otra vez. Mario Caneo, profesor a cargo de la Escuela de Fútbol, le explicó al resto de sus alumnos que había llegado un compañero más, que lo acogieran. “Hubo buena recepción porque entre los niños no hay maldad, no hay más que un peluseo, un peluseo sano y su adaptación a través del deporte es lo mejor”, sostiene. A Yaser le hablan todos al mismo tiempo, y uno lanza la primera broma: “¡No vai a sacar las pistolas!”, en alusión a la violencia imperante en Irak. Los otros ríen y Yaser, pese a no entender literalmente, le pega un empujón. Es su forma de decir “Respétame, no te rías de mí”. Es parado en la hilacha y no está dispuesto a que lo pasen a llevar. Los chicos siguen curiosos, con ganas de saber más, y al ser consultados opinan que Yaser es muy bueno para la pelota. Al mismo tiempo, le preguntan insistentemente cómo se dicen algunas palabras. ¿Cómo se dice “hola”?, ¿cómo se dice “piscola”?, ante lo cual Yaser sólo se limita a mirar y a veces, sonreir. Mónica Chahuán, asistente social de la Vicaría, le dice que le queremos sacar algunas fotos. Aunque con un poco de timidez, el chico sonríe, pero cuando le toca chutear, se luce verdaderamente. Cuando finaliza la clase, Yaser debe ser revisado por el paramédico Juan Basáez, ya que durante el entrenamiento alguien le pisó accidentalmente el pie. El pequeño, fanático del Manchester United, se deja revisar tranquilamente y entiende perfecto cuando le dan la indicación de ponerse hielo durante las 24 horas siguientes. Parte corriendo a buscar su chaqueta y pantalones, aunque después no se los quiere poner. No tiene frío, pero ante la insistencia de Mónica, termina accediendo. En el auto, camino a la Escuela Palestina, donde se reunirá con el resto de su familia que está en clases de español, Yaser no deja de mirar por la ventana. Todo es nuevo para él, y sólo sale de su embelsamiento cuando le ofrezco un chicle. “Gracias”, dice en un buen castellano, con una pícara sonrisa en su rostro. COLOR ESPERANZA En la villa también se relaciona con los otros niños a través de la pelota, aunque ha habido otras cosas que también han llamado la atención del muchacho. Una de ellas es el color verde, que ninguno de los más pequeños conocían directamente o recordaban en plantas o pasto, dado que sus recuerdos datan únicamente del desierto. Así como Yaser, los otros niños de a poco se han ido acomodando a la nueva vida que llevan. Cuatro de ellos, los más pequeños en edad preescolar, asisten a clases a la Escuela Palestina. “Van a pre-kinder, con cuatro años, y les ha costado ambientarse al régimen escolar, en una sala de clases durante toda la jornada”, explica la directora (s) del colegio, Nancy Ponce. Los niños asisten desde la ocho de la mañana hasta las tres de la tarde, por lo que la jornada se les hace larga, más aún sin entender las palabras de sus profesores. “Nosotros no hablamos nada de árabe, entonces nos cuesta comunicarnos con ellos”, señala Nancy Ponce. Sin embargo, la buena voluntad de los caleranos es a toda prueba, y los esfuerzos por integrar a los recién llegados se notan en cada detalle. Así como los compañeros de fútbol de Yaser, los adultos también se las han arreglado para mantenerse presentes durante las primeras semanas de adaptación y no cabe duda de que seguirán atentos a cualquier necesidad de los nuevos vecinos. “ENTONCES QUIERO SER COMO MATÍAS FERNÁNDEZ” Han pasado dos días desde que Yaser estuvo en la Escuela de Fútbol de Unión Calera, y ya pregunta impaciente cuándo será la siguiente clase. Le gustó, estuvo bueno, dice. Asegura que ahora será hincha de Palestino y aunque su jugador favorito es Ronaldinho, dice que varias personas le han nombrado a Salas y a Zamorano. Yaser no los conoce. Tampoco sabía nada de Matías Fernández, pero cuando se entera, asegura de inmediato: “Quiero ser como él entonces, para viajar por el mundo jugando fútbol”. Y es que el sueño de Yaser es viajar por el mundo. Ya no echa tanto de menos los improvisados partidos en la arena del campamento, aunque sí extraña mucho a Moustafa, su mejor amigo, que quedó en el “Al Tanaf”. No sabe si lo volverá a ver, y comos el único varón de los cuatro hijos del matrimonio Al-Azayzeh Fatayer, le hace falta un compañero. De todos modos, hoy está más sonriente, parece que se acostumbra. La Calera le ha gustado, y espera hacer amigos acá. Con su personalidad y afición al deporte, no cabe duda de que los encontrará. ReactiesMeld je aan bij Windows Live ID om een reactie toe te voegen (als je Hotmail, Messenger of Xbox LIVE gebruikt, heb je al een Windows Live ID). Aanmelden Heb je geen Windows Live ID? Maak er nu een aan Links naar je weblogDe URL voor de link naar dit weblogitem is: http://yinionline.spaces.live.com/blog/cns!461D9CDD861BA066!1801.trak Weblogs die naar dit item verwijzen
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